martes, 25 de marzo de 2008

El Cazador

El cazador


Virgilio León Puppio Ci: 3129535
Virgilioleon1945@hotmail.com

De un soplido, Pastor avivó la candela, monto la paila con el agua para el café, acercándose a la ventana soltó un escupitajo de chimo hacia la noche de luna nueva, paso el cuchillo de montear por la piedra de amolar, reviso el morral de piel, pólvora perdigones, fulminantes, fieltro, todo estaba allí, le paso un trapo con aceite a la escopeta guindándola en la carama de venado. Está ya por amanecer, hace rato cantan los gallos, cuela, llenándose el posillo bebe, no ha dejado de llover, sigue bajando el frió del picacho, con la cobija de pelo y el sombrero de fieltro se protege bajo el cobertizo de las bestias, el agua sigue cayendo sobre el enlozado del patio para secar el café.

La tarde anterior a la ventana de la bodega Lombano vino a avisarle:: mire compadre le están chocando los vaquiros al auyamal, convídeme mañana que con los perros suyos y los míos echaremos un buen lance. Esa mañana arriba en el portachuelo se escucho la guarura de Pastor, azuzando a los perros, Lombano con la escopeta terciada al hombro se dejaba orientar entre la maraña del monte por los latidos escuchados buscando el olor de los vaquiros quebrada abajo, sambo, centinela y león, levantan un rastro, por los latidos ya saben que dieron con la cacería, los perros emboscan enfrentando una fiera pelea en desventaja en un encarnizado combate, llega Pastor, mancha, capitán y pancho entran nivelando la pelea en el cerco, Lombano dispara, Pastor igual, aciertan, con rapidez dosifican de pólvora, plomo y fieltro, baquetean, colocan el fulminante y vuelven a disparar, llaman a los perros para terminar con el lance, unos salen del monte heridos y otros con heridas leves, cojeando y jadeando. Lombano pasándole la cajeta de chimo dice: compadre mire lo gordo que están estos caretos, este hasta chicharrón tiene. Después de brindarse un trago de aguardiente comienzan a destriparlos y Amarrar a los cuatro animales a las mulas, bajando del topo aún con el frió del amanecer.

Los perros se acomodaron debajo del fogón, porque a pesar de haber levantado la mañana, aún hacia frío, entre los dos le fueron curando las heridas, Ana les puso en la mesa la jarra del café y los posillos diciéndoles, lávense las manos, ya vengo con el cochino frito y las arepas.

De la carne que no se repartió, fue puesta en el tasajo, allí Ana tendría carne por varios días para aderezar las caraotas.

En Virgen Pura, hacienda cafetalera en la sierra sur del estado Aragua, era tradición compartir entre los vecinos los alimentos, bien sea del conuco o de una cacería, al igual se ayudaban en las labores agrícolas, denominándola cayapa, aunque ya para la décadas del sesenta- setenta no eran muchos los vecinos, se estaban quedando solo los campos, todos se iban a las petroleras por mejores salarios.

En la próxima narración les contare como fue el encuentro de Ana con el tigre.-

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